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Es tiempo de playa y piscina pero...¡cuidado con la cistitis!

La cistitis: un problema común en verano

Ya ha llegado el verano y con él el calor y la época de baños en las piscinas y en la playa. Pero también nos trae un incremento de los casos de infecciones urinarias, especialmente las cistitis, así que debemos extremar los cuidados para prevenirlas.

Infección de orina o del tracto urinario son expresiones que engloban diferentes enfermedades infecciosas (producidas por un microorganismo o germen patógeno), que afectan a cualquier parte del sistema urinario (riñón, uréteres, vejiga urinaria o uretra).

El problema de las infecciones urinarias radica tanto en su frecuencia, como en el riesgo que supone su evolución al no tratarse, como extensión de la infección a otras zonas del aparato urinario, lesión renal progresiva e irreversible, y recurrencias, cuyo tratamiento y prevención resultan a menudo difíciles. Por ello es tan importante, primero evitarlas y si se produce la infección, tratarlas adecuadamente.

Dentro de la infecciones del aparato urinario se encuentran las infecciones del tracto urinario inferior (ITU), que a su vez comprenden: la cistitis (infección de la vejiga), la uretritis (infección de la uretra), la prostatitis (infección de la próstata) y la orquiepididimitis (infección de los conductos encargados de la formación y excreción del semen).

Sistema urinario femenino-cistitisLa cistitis es una infección que afecta a la vejiga, está causada por bacterias (principalmente E. coli), y se da con más frecuencia en las mujeres aunque también afecta a los hombres.

¿Por qué? Pues en gran parte debido a su estructura anatómica, ya que la uretra (el conducto por donde sale la orina hasta el exterior) es más corta en la mujer y se encuentra más cerca del ano, lo que permite a las bacterias acceder con más facilidad desde esa zona “sucia” hasta la entrada de la vagina, y desde ahí subir por la uretra hasta la vejiga.

Por el contrario, el hombre tiene la uretra más larga, y además cuenta con la próstata, situada debajo y a la salida de la vejiga, que segrega sustancias con efecto bactericida (fructosa y ácido cítrico) que impiden la viabilidad de los gérmenes patógenos.

En las personas sanas, la orina de la vejiga es estéril (no tiene bacterias ni otros microorganismos patógenos). La uretra (el conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo) es también una zona sin bacterias o contiene muy pocas, por lo que son insuficientes para causar infección. Sin embargo, cualquier parte de las vías urinarias puede infectarse por distintas causas, y entonces se produce una infección urinaria.

Una vez producida la infección bacteriana (sobre todo por E.coli), el antígeno flagelar H de la bacteria se adhiere a las paredes de la vejiga, formando pequeños cúmulos de bacterias imposibles de eliminar con la orina.

El problema de las infecciones urinarias radica tanto en su frecuencia, como en el riesgo que supone su evolución al no tratarse. Es necesario prevenir"

Se estima que entre el 10 y el 20% de las mujeres sufrirán al menos un episodio de cistitis a lo largo de su vida, que serán recurrentes en el 20% de los casos. Los síntomas habituales son: dolor abdominal bajo, aumento de la frecuencia miccional, escozor, dolor al terminar de orinar y, con frecuencia, hematuria terminal.

Desde el punto de vista clínico se diferencia entre:

Cistitis aguda ocasional

Cistitis recurrente: cuando se presentan más de 2 episodios cada año. Dado que la mayoría de las infecciones provienen de una bacteria que habita normalmente en la zona perineal, hay dos grupos de mujeres que tienen mayor propensión a sufrir cistitis de repetición: mujeres en edad sexual activa (En el momento de mantener relaciones sexuales es fácil que las bacterias patógenas accedan con facilidad a la vejiga y se adhieran a la mucosa de la vejiga produciendo la infección), y las mujeres en menopausia (desciende la producción de estrógenos, se produce un debilitamiento del suelo pélvico y una desprotección de la flora vaginal, quedando la zona mucho más sensible a sufrir infecciones bacterianas).

Hay diversos estudios clínicos que muestran cómo en estos segundos casos de cistitis de repetición el consumo de proantocianidinas (PAC) extraídas del arándano rojo americano, constituye una excelente opción para prevenir las recaídas.  Su acción en el organismo evita que las bacterias que propician esta enfermedad de adhieran al organismo y causen infección, con lo que se consigue reducir el consumo de tantos antibióticos para el tratamiento.

El arándano rojo es el fruto del mirtilo (Vaccinium mirtillus), que contiene más de un 80% agua, algo más del 10% de carbohidratos (glucosa y fructosa), y una serie de ácidos orgánicos como cítrico, quínico y málico y de compuestos fenólicos y flavonoides como las proantocianidinas. Son estas últimas las que han mostrado su efectividad en la prevención de la cistitis al actuar sobre la bacteria Escherichia coli, la responsable de la mayor parte de las cistitis o infecciones urinarias de repetición (ITUR). Estos compuestos evitan que el antígeno flagelar de la bacteria causante de la infección urinaria se adhiera al epitelio interior de la vejiga, pierda su capacidad colonizadora y se facilita su eliminación a través de la orina.

En definitiva, las PAC del arándano rojo americano poseen propiedades antibacterianas junto a la capacidad de inhibir la adhesión de las bacterias a las mucosas de las vías urinarias.

En los casos de cistitis mucho mejor la prevención que tener que recurrir luego al tratamiento con antibióticos.