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El deporte y las lesiones más frecuentes

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La práctica de ejercicio físico o de deporte, tanto si lo realizamos de manera “recreativa” como “profesional”, supone un gran beneficio para la salud, pero, a su vez, conlleva el riesgo de sufrir lesiones o accidentes.

Algunas lesiones ocurren accidentalmente, pero otras, demasiadas, suelen ser consecuencia de malas prácticas de entrenamiento, del uso inadecuado del equipo de entrenamiento, de no estar en buena condición física, e incluso pueden deberse a la falta o escasez de ejercicios de calentamiento o estiramiento antes de iniciar la actividad.

Atendiendo a estos criterios, podemos clasificar las lesiones deportivas en:

  1. Lesiones agudas o accidentales, aquellas que se producen de manera accidental durante la práctica del deporte, como los traumatismos o las lesiones por contacto ya sea con otra persona, o con mobiliario (fracturas de algún hueso), o por un esfuerzo violento y rápido (como sucede en los desgarros musculares, distensiones en la espalda).
  1. Lesiones crónicas, características de la práctica continúa y a largo plazo de ejercicio físico o un deporte determinado. Se producen por movimientos repetitivos (por ejemplo la epicondilitis del tenista, una degeneración de los tendones del codo por hacer demasiados golpes de revés).

Existen numerosos tipos de lesiones deportivas, decenas, pero cierto es que hay unas zonas del cuerpo que son más propensas a sufrirlas que otras. De esta manera, atendiendo al tejido que se dañe podemos hablar de:

      •  Fracturas: 

Afectan a los huesos. Lesiones del hueso, que abarcan desde pequeñas grietas apenas perceptibles hasta fragmentaciones del hueso.

        •  Condropatías

Afectan a los cartílagos. El cartílago es el recubrimiento fibroso exterior que tiene el hueso para facilitar el movimiento respecto a otro hueso vecino. Las lesiones condrales o condropatías suponen la pérdida de la lisura (desflecaciones, úlceras) o de sus propiedades amortiguadoras (reblandecimiento). La práctica regular de ejercicio preserva la fortaleza del tejido conjuntivo y retrasa la degeneración propia del paso de los años, a la vez que mejora las propiedades mecánicas y estructurales de las articulaciones.

        • Desgarros musculares o roturas fibrilares

Afectan a los músculos.  Los músculos están formados por haces de fibras que al contraerse producen el movimiento del cuerpo. Con el ejercicio se reactivan, pero con la edad y la inactividad ser atrofian, van perdiendo fuerza y volumen. La inactividad afecta al músculo de varias maneras: disminuye la fuerza, y se alteran la coordinación y la propiocepción, por lo que aumenta el riesgo de lesión. Por otra parte un músculo fuerte y activo protege a las articulaciones de las lesiones porque absorbe y disipa la fuerza externas que impactan desde el exterior. El desgarro supone la rotura de esas cuerdas o fibras musculares.

        •  Esguinces

Afectan a los ligamentos. Los ligamentos son fibras que unen los huesos entre sí. Dan estabilidad a las articulaciones y se caracterizan por ser fuertes y poco elásticos. El esguince supone el alargamiento o la rotura de esas “cuerdas”. Cuando el grado de rotura es tal que el hueso se sale completamente de su encaje natural estamos ante una luxación.

Uno de los más frecuentes es el esguince de tobillo, resultado de una torsión excesiva del tobillo que provoca la rotura o desgarro parcial del ligamento. Esta lesión se da con frecuencia en deportes en el que haya que correr o saltar, así como en los deportes “cuerpo a cuerpo” o más agresivos y de pivotaje (el pie queda fijo y el cuerpo gira sobre el tobillo) como fútbol, baloncesto, tenis y gimnasia.

        • Tendinosis/tendinitis

Afectan a los tendones. Los tendones son las fibras que a modo de “cuerdas” unen el músculo al hueso, transmitiendo a éste último el movimiento generado por la contracción muscular. La tendinosis es la degeneración de estas fibras, que se hacen más gruesas, menos elásticas y más propensas a una rotura (parcial o total).

El manguito rotador es el conjunto de tendones que nos permiten realizar la elevación y el giro del hombro. Los esfuerzos repetitivos típicos de lanzadores, tenistas, jugadores de balonmano, etc., producen degeneración e inflamación de este paquete de tendones Cuando esto sucede, se produce el roce de los propios tendones con el hueso que limita el hombro por la parte superior. El roce produce dolor y va limitando tanto la movilidad como la fuerza del hombro.

La inactividad hace más rígidos tanto a los tendones como a los ligamentos por lo que se pueden lesionar con más facilidad.

Una correcta preparación física y un buen estiramiento antes y después del entrenamiento te ayudará a conseguir un mejor rendimiento y a reducir la incidencia de lesiones".