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¡Cuida tu corazón y tu corazón cuidará de ti!

rubia corazon

La mayoría de las Enfermedades Cardiovasculares (ECV) pueden prevenirse actuando sobre los factores de riesgo, como el consumo de tabaco, las dietas malsanas, la obesidad, la inactividad física, la hipertensión arterial, la diabetes, el aumento de los lípidos y de algunas fracciones de colesterol en sangre.

En nuestra sangre hay formas diferentes de colesterol, tenemos el llamado colesterol bueno o HDL-colesterol (que puede jugar en contra de las enfermedades cardiovasculares) y el colesterol malo o LDL-colesterol.

Entre los factores de riesgo que intervienen de manera directa en el desarrollo de las ECV se encuentran los niveles altos de colesterol total y de LDL-colesterol o “colesterol malo”.

Cuando hay mucho colesterol malo o LDL-colesterol, éste se oxida y produce la formación y depósito de las placas de ateroma sobre las paredes de los vasos sanguíneos, haciendo que éstos se estrechen y endurezcan, dando lugar a la aterosclerosis, infarto de miocardio,… y en general a la enfermedad cardiovascular.

El efecto de la dieta sobre el desarrollo de las ECV es más bien de tipo indirecto y actúa fundamentalmente modificando la gravedad de otros factores de riesgo, especialmente de los niveles de lípidos sanguíneos, la tensión arterial, la resistencia insulínica y la obesidad.

Numerosos estudios avalan que la dieta es un importante factor que influye en los niveles de colesterol, de tal forma que las personas con:

• dietas ricas en grasas saturadas (se encuentran en los alimentos de origen animal: ternera, cerdo, cordero, mantequilla, nata, helado y otros productos lácteos enteros. Son malas, pero añaden mucho sabor a los alimentos) presentan niveles altos de LDL-colesterol,

• mientras que aquéllas con dietas ricas en grasas mono-insaturadas (se encuentran sobre todo en las aceitunas, aceite de oliva, pescados azules, aceite de canola, aceite de cacahuete, anacardos, almendras, cacahuetes y aguacates) y poli-insaturadas (se encuentran en las nueces, semillas de lino, granos integrales y los aceites vegetales, incluido el de canola, girasol, soja y maíz) presenta niveles bajos de LDL-colesterol y altos de HDL-colesterol o colesterol bueno y por tanto tiene menor riesgo de presentar una enfermedad cardiovascular.

Además del tipo y cantidad de las grasas, existen otras variables dependientes de la dieta que afectan de forma importante a la protección cardiovascular. Entre estas variables se encuentran:
• La ingesta de antioxidantes. El nivel de antioxidantes en el plasma influye sobre la fracción de LDL oxidadas (placa de ateroma).

• El consumo de ácidos grasos Omega-3. Estudios epidemiológicos han mostrado que el consumo de ácidos grasos Omega-3 está asociado a una baja incidencia de enfermedades cardiovasculares ya que los Omega-3 aumentan el colesterol bueno o HDL, y reducen el colesterol malo o LDL-colesterol causante de la placa de ateroma. También se les ha demostrado un cierto efecto vasodilatador. En muchas ocasiones la dieta no nos aporta la cantidad suficiente de Omega 3 que necesitamos y es necesario un aporte extra mediante suplementos alimenticios.

• La acción de la fibra, independientemente de su capacidad reductora del colesterol por su acción sobre la flora intestinal.
La dieta tiene un importante papel en la reducción de factores de riesgo cardiovascular, pero no siempre solo con la dieta alcanzamos los niveles deseados de estos compuestos, siendo necesario en algunos casos aportar complementos alimenticios específicos que nos ayuden a alcanzar los niveles adecuados de éstos, como es el caso de Solvilit, Omedrai, Bifibran, de Laboratorios Farmasierra.

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