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Cuidados de Belleza después del verano (I)

Tras el verano y la acción del sol, es recomendable dedicar especial atención a la piel del rostro: la prioridad es hidratar la piel en profundidad, reparar los daños del sol y prepararla para luchar contra las agresiones del invierno.

Limpieza, exfoliación, hidratación y nutrición son los mejores aliados para volver a disfrutar de una piel hidratada, suave y luminosa.

No existen panaceas ni procedimientos milagrosos, pero sí soluciones adecuadas y específicas para cada caso y tipo de piel

Si alguna estación “castiga” la piel, ésta es sin duda, el verano. Las ganas de lucir un moreno envidiable ha hecho que pasásemos más tiempo al aire libre y muchas horas expuestos al sol. Pero cuidado ¡el sol también envejece! La piel tiene memoria de las horas de sol recibidas, es decir, disponemos de un “capital solar” limitado para gastarlo a lo largo de toda la vida, por lo que es necesario ser prudentes a la hora de consumirlo.

Los principales enemigos que la piel sufre durante el verano: las largas exposiciones al sol, las altas temperaturas, el aire acondicionado, la arena, la brisa y la sal marina, las aguas cloradas de las piscinas, la falta de hidratación, una alimentación no tan equilibrada, llena de comida rápida y helados, hacen que la capa córnea (la más superficial de la epidermis), como mecanismo de defensa, se ponga más gruesa y pierda su nivel natural de humectación.  El resultado es una piel deshidratada y engrosada.

Para mantener una piel bien hidratada y nutrida durante todo el año, es necesario darle en forma periódica tratamientos específicos para cubrir la carencia de agua y nutrientes que la piel demanda, así como un mantenimiento diario para que no pierda esos elementos tan esenciales para la conservación de una piel sana.

Es hora de iniciar la operación recuperadora y de poner en marcha los tratamientos adecuados para volver a poner la piel a punto y borrar las huellas que el sol ha dejado en ella, con las conocidas consecuencias del fotoenvejecimiento, una mayor deshidratación dérmica y pérdida de textura y flexibilidad.

Como principio general, recordar que no existen recetas o procedimientos mágicos, lo que sí es posible determinar es el tratamiento más adecuado y específico para cada edad y tipo de piel.

El primer paso que debemos dar para preparar la piel del rostro tras un verano lleno de excesos con el sol, es evaluar el estado en el que se encuentra. La mayoría de las pieles presentan fundamentalmente dos problemas:

  • La fuerte deshidratación en la epidermis, que provoca que la piel tenga una menor capacidad para almacenar agua. El resultado es una deshidratación progresiva que puede llegar a afectar a las capas más profundas de la piel, dejando la piel áspera y carente de luminosidad,
  • La destrucción y desorganización de las fibras dérmicas de colágeno y elastina, generando la aparición de arrugas, flacidez, falta de elasticidad y otros síntomas del envejecimiento prematuro.

Por todo ello, a la vuelta de las vacaciones es aconsejable iniciar un plan de acción con cuidados y tratamientos intensivos de reparación, que permita prolongar el bronceado y que la piel recupere el agua que necesita y se muestre suave, tersa, flexible y luminosa.

Nuestro objetivo es reparar los rigores del verano y afrontar la nueva estación, que para un perfecto cuidado facial se resume en tres acciones:

  • Reparar el tejido dañado
  • Hidratar / Nutrir, recuperar el equilibrio hidrolipídico de la piel
  • Revitalizar, devolver la luminosidad


Cuidados de Belleza después del verano (II)