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Probióticos y prebióticos en la alimentación del bebé

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El primer año es el periodo de crecimiento y desarrollo más rápido en la vida del niño y cuando éste es más inmaduro y vulnerable. Por ello, es especialmente importante asegurarle una alimentación suficiente y adecuada, con el triple objetivo de satisfacer sus necesidades nutritivas, prevenir y/o tratar diversas situaciones patológicas y crear unos buenos hábitos alimentarios.

La leche es su único alimento, sea leche humana o artificial, desde el nacimiento hasta los 4-6 meses aproximadamente. En este periodo se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, preparados de forma adecuada en consistencia y cantidad, para no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal, así como el progresivo desarrollo neuromuscular.

La leche como alimento único a partir de los seis meses no proporciona la energía y nutrientes que precisa el lactante a partir de esta edad, y además, como sus funciones digestivas han madurado, se deben incluir nuevos alimentos en su dieta, siguiendo unas normas regladas. No está justificado introducir nuevos alimentos antes de los tres meses, aunque tampoco es aconsejable hacerlo más allá de los seis, porque la falta de diversificación es motivo frecuente de pérdida de apetito, a la vez que se desaprovecha una época muy válida para la educación del gusto y el conocimiento de los alimentos básicos que permitirán al bebé adaptarse a una alimentación equilibrada, variada y suficiente.

Siempre será el pediatra quien dé las pautas de introducción de nuevos alimentos, pero por regla general, se ha de ir sustituyendo, de una en una, las tomas de leche que recibe el lactante por los distintos componentes de la alimentación complementaria (papilla de cereales, fruta, puré de verdura...), de forma paulatina, con intervalo suficiente para que el niño vaya aceptando los nuevos alimentos, probando su tolerancia antes de introducir uno nuevo y dando tiempo a la adaptación de su organismo.

El alimento ideal para un recién nacido es la leche materna; ésta contiene fibras naturales solubles y probióticos, que favorecen una digestión saludable y refuerzan las defensas del bebé. Por este motivo, es fundamental que las fórmulas infantiles también contengan fibras naturales y probióticos que, entre otros muchos beneficios, estimulan el crecimiento y la actividad de la flora intestinal beneficiosa para el lactante además de fortalecer su sistema inmunitario.

Algunas fórmulas infantiles combinan en su composición los efectos beneficiosos de los prebióticos (fructooligosacáridos) y los probióticos (bifidobacterias y lactobacilos), consiguiendo un perfecto equilibrio de la flora digestiva y aportando la máxima protección intestinal. Los probióticos son microorganismos vivos con la capacidad de crecer y multiplicarse en el tracto digestivo. Su utilización en alimentación infantil se debe a los numerosos efectos beneficiosos que proporcionan, tanto a nivel digestivo como a nivel inmunológico.

Los prebióticos incrementan la concentración de bífidobacterias y lactobacilos a nivel intestinal, reduciendo el crecimiento de bacterias potencialmente patógenas. Los prebióticos como los fructooligosacáridos (FOS) les proporciona el denominado efecto bífidus.

Está demostrado que actualmente uno de cada cuatro niños es alérgico y la tendencia es que esta proporción siga aumentando en España al igual que en el resto de países industrializados. Los estudios están demostrando que en los bebés alimentados con fórmulas infantiles enriquecidas con probióticos, el riesgo de presentar dermatitis atópica se reduce en un 50%.

La leche materna es una fuente importante de bacterias ácido-lácticas con capacidad probiótica. Dichas cepas probióticas aisladas de leche materna, ejercen actividades protectoras para el lactante, como acciones antiinfecciosas o inmunomoduladoras. Por todo ello, la inclusión de bacterias probióticas aisladas de la propia leche materna en fórmulas infantiles podría ser una solución válida para la mejora del equilibrio microbiano intestinal de los bebés, obteniendo de esta manera los beneficios atribuidos clásicamente a la lactancia.

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