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Aromaterapia para la belleza y el bienestar

aromaterapia

La aromaterapia puede ser definida como la utilización de los aceites esenciales extraídos de las plantas aromáticas para la salud y el bienestar, en base al potencial psicológico, fisiológico y terapéutico que poseen.

Las plantas concentran su “energía herbal” en la esencia, que representa la fuerza vital de la planta y les otorga su personalidad y sus propiedades terapéuticas y cosméticas. Cada vez que arrancamos los pétalos de una flor, una hoja, la rama de un árbol o cualquier otra parte de una planta, ésta libera una fragancia en función de las esencias o aceites esenciales que contenga la planta.

Cada planta elabora un conjunto característico de aceites esenciales, y según el tipo de planta, ésta los almacena en un sitio diferente de la planta: raíz, hojas, corteza, yemas, flores, fruto o semillas. Así, por ejemplo, el limón y la naranja, a pesar de ser frutas muy próximas, desprenden aromas claramente diferentes, y un mismo cítrico, como el naranjo amargo (Citrus aurantium), produce tres aceites esenciales distintos, de olor y propiedades diferentes, que se extraen de distintas partes de la planta. Muchas plantas poseen unas estructuras especiales que desprenden olor (glándulas) en las flores para atraer a los insectos que las polinizan.

Los aceites esenciales puros son sustancias concentradas y muy potentes

En general, los aceites esenciales son sustancias orgánicas olorosas muy complejas y de consistencia variable (desde muy fluida hasta densa y viscosa), volátiles, no grasas, solubles en aceites vegetales, alcohol y éter, e insolubles en agua (aunque le transfieren su perfume), y son afectados fácilmente por la luz, el oxígeno y la temperatura.

Los aceites esenciales son muy sensibles al oxígeno y a la luz, que los oxidan y degradan con facilidad. Por ello, para garantizar su calidad, los aceites esenciales y sus preparados deben conservarse en condiciones óptimas: recipientes de vidrio oscuro, cerrados herméticamente y con sistemas de dosificación incorporados para evitar al máximo el contacto continuo con el aire y la luz, y prevenir al máximo su oxidación.

Las cualidades de los aceites esenciales dependen de numerosos factores, entre los que destacan el origen geográfico de la planta, la estación, la hora del día, el sistema de cultivo, el estado de madurez de la planta en el momento de la recolección (ideal al alba cuando todavía hay rocío y el sol no tiene fuerza para liberar las sustancias aromáticas), las condiciones de extracción y conservación.

La composición de un aceite esencial natural es mucho más compleja que la suma de sus constituyentes, y muy difícil de copiar, por lo que sus efectos terapéuticos no son comparables a los de las esencias sintéticas. Es por ello que la reproducción en el laboratorio de una esencia de la que se conoce la composición química genera un compuesto que sólo es aparentemente igual al original.

Entre los componentes de los aceites esenciales naturales se producen sinergias, es decir, efectos que se complementan y potencian mutuamente, aumentando así su eficacia. Un factor muy importante a tener en cuenta a la hora de hacer las formulaciones cosméticas.

Los aceites esenciales se utilizan, entre otros, para el cuidado, belleza y bienestar corporal, formando parte de la formulación de cremas y aceites faciales, y de productos para uso corporal (aceites de masaje relajantes, revitalizantes, anticelulíticos, drenantes, cicatrizantes, tonificantes, sensuales, aceites de baño, lociones corporales, ungüentos, tónicos, etc.).

Cuando se aplica un aceite esencial sobre la piel (normalmente diluido en un aceite base vegetal), las pequeñas moléculas que lo componen se solubilizan en contacto con las grasas de la epidermis y son capaces de atravesar las capas externas de la piel y a través de los capilares sanguíneos llegar a las células y que se encuentran debajo de ésta y ejercer su acción.

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